>>> Medio Siglo de Periodismo en Serio <<<



"Pequeñas Lecciones
sobre el amor"
Es el primer libro del 
Dr. Alejandro Cesar
Suarez, periodista y 
abogado varelense.
La obra contiene una serie
de breves y atrapantes 
relatos que abarcan los 
diferentes y siempre
 difíciles momentos de
 la pareja

 


 
ENTREVISTA

VICENTE DELLA RAGIONE

Con 87 años de edad y una trayectoria de trabajo y solidaridad ampliamente reconocida en Florencio Varela, Vicente Della Ragione se reconoce pleno de ganas de seguir haciendo cosas en su vida. Nacido en Cordenons, en la italiana provincia de Udine el 20 de agosto de 1921, este batallador inmigrante lleva 62 años de casado –y siete de novio- con su mujer Nives, “una leona para trabajar junto a mí” -nos cuenta- con quien tuvo dos hijas, Carmen y Mabel, que les dieron cinco nietos que hoy son, como podría imaginarse, su gran orgullo. Su nombre está ligado a múltiples entidades en muchas de cuyas fundaciones intervino y a las que también ayudó. Los Bomberos Voluntarios, el Hogar de Ancianos, el Círculo Friulano, la Liga Pro Cremación, la Asociación Amigos del Parque Hudson, los Scouts y la sociedad Italiana La Patriótica son solo algunos ejemplos. En una fría tarde del recién llegado invierno, Vicente nos recibió en su hogar de la calle Monteagudo y nos relató muchos de sus recuerdos.

-¿Cómo fue su infancia?
-Mi mamá trabajaba en una fábrica algodonera y mi papá era zapatero. Yo fui a la escuela hasta cuarto grado y después mi padre quiso que yo dejara el colegio para aprender el oficio junto a él. Yo tenía 8 años… Un día vino el panadero, que traía el pan a casa en una canasta, y me dijo que yo tenía que seguir estudiando pese a lo que mi papá quería… Así que fui a lo de una tía soltera, María, y le pedí que me mandara a llamar para “juntar unos higos”. Lo hizo y aproveché para irme al pueblo de Pordenone, donde me anoté en el quinto grado y seguir la escuela. Después aprendí idiomas como el alemán, que todavía hablo y escribo perfectamente y hasta toqué un instrumento en la banda de música del municipio.
-¿Cómo siguió su vida?
-Luego me tocó el servicio militar. El 8 de setiembre de 1943 me desperté y ví uniformes tirados, un gran revuelo, y aproveché para irme justo cuando los alemanes venían a tomar el cuartel. Volví a casa y al taller de zapatería. El día de mi cumpleaños número 20, mi padre falleció, pero no por causas naturales, sino porque un hombre que quería matar al comisario lo mató en la playa, confundiéndolo con él. El 17 de febrero de 1945 los alemanes vinieron a buscarme y me llevaron a Alemania junto a otras 27 personas. Yo era el único del grupo que hablaba alemán, así que me pidieron que les dijera a los demás que no éramos presos políticos, sino que nos iban a llevar a trabajar a una empresa, en el bosque de Messmit. Y así lo hicieron. Nos pagaban 8 marcos por día y nos daban los bonos para canjear por comida. Igualmente pasábamos hambre… Un día fui a una aldea cercana y una mujer me dio un jarro de leche que me tomé todo de golpe. Los alemanes podían ser nuestros enemigos, pero el pueblo alemán no lo era. En esa época también me tocó ir a una capilla en el mismo poblado y el cura me dijo que era viernes santo, y me invitó a ir a la misa de Pascuas el domingo. Allí fui con mis otros compañeros, y a la salida nos esperaba la gente llenándonos los brazos de víveres… Por eso repito que no odio a Alemania, odio a los nazis.
-¿Qué pasó cuando terminó la guerra?
-Volví a Italia y al año me casé. Tuvimos una nena y decidimos partir en busca de un mejor porvenir. Y vinimos a Argentina. En Avellaneda había dos hermanos de mi mujer y fuimos a casa de uno de ellos. A los tres días de llegar yo ya tenía trabajo. Alquilé un garaje y puse una zapatería y entré a la fábrica Alpargatas.
-¿Y cómo llegó a Florencio Varela?
-Me enteré que Alpargatas tenía una sucursal acá, y vine a ver un lote que estaba en Alberdi y Gutiérrez. Las primeras personas que conocí al llegar fueron la familia Facci-Battista, parientes de los Fedi, que eran unos friulanos que ahora viven en Australia y con los que me sigo escribiendo. Compré el lote y ahí me hicieron la casa. También fundé en el lugar la Sociedad de Fomento Juan B. Alberdi. En todos lados se hablaba del agua de F. Varela, de su altura, que no permitía que se inundara… Era un lugar muy buscado. Esa casa con el tiempo, cuando me mudé a la calle Monteagudo, se la doné a la Asociación Scout Florentino Ameghino.
-¿Cómo empezó con la fábrica?
-En Alpargatas, el Director, un italiano llamado Antonini, me traía los zapatos de su familia para arreglar. Al tiempo empecé a arreglar los zapatos del personal, y un día, un amigo que era Jefe en Siam Di Tella me encargó que hiciera 200 guantes de trabajo para esa fábrica. No era una cantidad sencilla de fabricar, pero me equipé, trabajé duro y los hice. Cuando los llevé… Siam Di Tella cerró y no los pude entregar, y por supuesto mucho menos cobrar. No sabía que hacer… Yo tenía una zapatería en Monteagudo y un corredor me dijo que se los diera que iba a colocarlos. No solo cumplió, sino que también me encargó 200 más. Así empecé a fabricar guantes, para Peugeot, Ferrocarriles, Orbea…
-Y después vinieron los guantes deportivos…
-Sí. Cuando Amadeo Carrizo trajo un par de guantes de Italia, los ví y dije ¿por qué no hacerlos? Así que fui al INTI y ahí me asesoraron sobre cuál era el material necesario para confeccionarlos. Me mandaron a la empresa Celin de industria plástica, en Avellaneda, y compré 200 metros de cada color. Registré la marca Eneve, por Nives y Vicente, y arrancamos… Con el tiempo le estaba fabricando a Fulvence, y hasta llegué a hacer 11.000 pares de guantes por mes, exporté a Brasil, Paraguay, Perú…
-Ahora la empresa está a cargo de su hija y su yerno y hasta fue distinguida como “mejor PYME de la provincia de Buenos Aires”…
-Así es. Ellos la llevan muy bien. Carmen y Fernando Vilches, su marido, ampliaron las actividades y ahora hacemos canilleras, camisetas, guantes para policía, guantes de hóckey, para ciclismo, para jardineros…De todo.
-Pasando a otro tema, presidió la Liga Pro Cremación de la Argentina y fundó la de Florencio Varela…
-Sí. Con la Liga Nacional hasta participamos en reuniones internacionales, en las que hablé en esperanto, el idioma que aprendí con la inolvidable Julia Rocafull. En el cargo me reemplazó un ex embajador argentino en la UNESCO, el Dr. César Augusto De la Vega. Y hará unos 30 años fundamos la Liga de F. Varela, que todavía está en actividad y de la que soy presidente honorario.
-¿Qué era “el trébol de oro”?
-Un premio que entregábamos con el Hogar de Ancianos y que se me ocurrió cuando escuché una propaganda de Héctor Pérez Pícaro, el trébol de la buena suerte. Fíjese que la idea gustó, porque hasta hoy el Hogar tiene como emblema un trébol.
-¿Quiénes son sus amigos de hoy?
-Manfredo Giacomelli, Jorge Pardo, Cholo Paccagnella…
-¿Qué le gusta hacer para pasar el rato?
-Suelo escribir mucho. Cartas, y algunas cosas que me publican, por ejemplo en el Tarumá Literario…
-¿Está contento con su vida?
-Claro. Estoy satisfecho porque Dios siempre me ayudó.
-¿Qué le falta conseguir?
-Que el país tenga paz, progreso, bienestar y que todos lo quieran como lo quiero yo. Estoy tan orgulloso de ser italiano como de haber vivido aquí donde siempre me trataron tan bien y me dieron todo.
-¿Qué le va a decir a Dios cuando lo tenga enfrente?
-Espero que El me reciba. El sabe lo que hice, lo que no hice y como lo hice. Y espero que me disculpe los pequeños errores cometidos y hasta mi admiración por los esenios.
A.C.S.



 

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