Nota Principal
La Nueva Gran Estafa
Quienes tuvieron oportunidad de ver el programa
CQC emitido el 9 de junio ppdo, se sorprendieron
con el nuevo desembarco del ciclo en Florencio Varela,
para denunciar, ahora, una posible estafa con un
“barrio fantasma” en nuestra ciudad.
Se trató de un tema sobre el que Mi Ciudad
dio un anticipo el año último, anunciando
que en breve iba a presentarse una denuncia que
significaría un nuevo dolor de cabeza para
el Intendente Pereyra y algunos de sus funcionarios,
aportando este medio a la primicia, meses después,
otro dato: avalando esta presentación ante
la Justicia estaría, dijimos, “un líder
zonal, apolítico y de indudable credibilidad”.
Finalmente, con el patrocinio del abogado Gabriel
Bicinskas, miembro del Departamento de Justicia
y Paz del Obispado de Quilmes, en la primera semana
de este año, la denuncia penal por estafa
fue presentada, según lo dice en su introducción,
“bajo el impulso de Monseñor Luis Teodorico
Stöckler, Obispo de Quilmes”.
Lo que pudo verse por CQC fue patético en
lo que se refiere a la actitud de nuestros funcionarios:
Gonzalito poniendo juguetes en el escritorio del
arquitecto Tomás Vanrell y haciéndolo
escribir lo que le dictaba como si fuera un nene
de Jardín de Infantes, mientras parecía
no tener idea de lo que se le estaba denunciando,
fue una muestra más del nivel intelectual
de la “Gestión Pereyra”, reforzada
por la deplorable “respuesta” que se
intentó dar desde la oficina de Catastro
y también reprodujo el programa de Mario
Pergolini.
Acompañando a los vecinos perjudicados pudo
verse hablando en cámaras al abogado del
Centro Enrique Angelelli, Dr. José Luis Calegari.
La denuncia apunta a la empresa “Varela del
Sol S.A.”, que desde 1997 venía vendiendo
lotes en nuestra ciudad, en este caso, situados
en una parcela cercana al Arroyo Las Piedras. Según
se manifiesta, “luego de pagar los adelantos
y las primeras cuotas, algunos compradores intentaron
comenzar a pagar los impuestos correspondientes
a sus lotes pero al llegar al Municipio de F. Varela
les respondían que no era posible el pago
ya que esa nomenclatura era inexistente y no figuraba
en los mapas del Municipio. Otros intentaron pedir
el servicio de telefonía… y se les
respondía que el barrio era totalmente inexistente.
Lo mismo ocurrió con otras tratativas para
teléfonos públicos, gas, etc…”.
La cuestión toca fuertemente al Gobierno
Comunal, ya que también se solicita en la
denuncia que “se investigue la posible responsabilidad
de las autoridades municipales” por “incumplimiento
de los deberes de funcionario público”.
Para colmo, siguiendo con lo relatado en la presentación
judicial, los compradores que lograron abonar la
totalidad de las cuotas, como la vecina Sebastiana
Saldívar, no lograron que la empresa vendedora
les entregue la correspondiente escritura.
Ante las constantes referencias a la inexistencia
de los lotes objeto de la transacción, definiendo
a ese sector como un descampado sin división
que no puede estar habilitado para viviendas por
parte del Municipio y de empresas varias, surgió
en los compradores la sospecha de que los terrenos
no estaban debidamente subdivididos para poder ser
comercializados de acuerdo a las leyes vigentes.
Si como se piensa, la parcela II, 596-F, que de
ella se trata, no está subdividida, cada
boleto de compraventa podría constituír
una prueba de estafa.
¿También usura?
La denuncia cuestiona además una
cláusula de los boletos a través de
la cual, ante la falta de pago de dos cuotas seguidas
o tres alternadas, la empresa vendedora queda habilitada
a rescindir el contrato y retener la suma pagada,
cualquiera sea su monto. Esta circunstancia hizo
que se exigiera desalojar los lotes a gente que
ya había construido su casa en ellos, dándoles
la opción de firmar un nuevo boleto y teniendo
que empezar a pagar todo desde cero. Ese fue el
caso de la familia compuesta por Mauro Barcos y
Sandra San Martín, quienes pagaron ya alrededor
de 20.000 pesos por un terreno cuyo valor (en caso
de ser susceptible de ser vendido) nunca superaría
los 7500 pesos.
(ver nota completa en edición de
papel)