ENTREVISTA

Mieke Mees

Entrevistas » 01/03/2019

Con sus juveniles ochenta años, me recibe en su casa de Villa Vatteone, Mieke Mees de Baeck, una de las belgas de la comunidad varelense y quien vive en la ciudad desde diciembre de 1954. Su esposo era Raymond Baeck, fallecido en el año 1996. Madre de ocho hijos, dos de ellos afincados en el sur de nuestro país, Ivo en Puerto Madryn y Greta en El Bolsón. Los otros, Inés, Juan, Cecilia, Ingrid, Gertrudis y Diego viven aquí y la visitan a menudo. Mieke tiene veintiséis nietos, trece mujeres y trece varones. Así que tendrá cosas para contar…


-¿De qué ciudad o pueblo de Bélgica proviene tu familia, tus padres?, ¿dónde te criaste?
-Nacimos en Edegem, cerca de Amberes, después nos mudamos a Brasschaat, más cerca de Holanda y unos años más tarde volvimos al pueblo cerca de Amberes. Vivimos hasta el año 1954 allí con mis padres y mis tres hermanos. Te puedo mostrar fotos…
Hojea y me muestra un viejo album, de tapas grises y con unas pequeñas fotos en blanco y negro. «Éste me lo hizo mi papá para mí, cada hermano tenía su propio álbum con sus fotos, mi papá era fotógrafo, sacaba y revelaba, también era Ingeniero». A medida que recorre las páginas va señalando «éste es el día de Pascua y teníamos que buscar los huevos que nuestros padres escondían, es tradición», «aquí con unas amigas», «esta foto recibió un premio de AGFA Gevaert por el contraluz, ¿ves?»- y en ella están los tres hermanitos en una situación de juego, con el cabello claro contrastando con el sol de frente para el fotógrafo. «Hermosa foto, Mieke», le respondo.» «Tengo una foto de Cecilia, mi hija, y es igual a mí de bebé. Después de la Guerra mi papá trabajó como fotógrafo, tenían un estudio con un amigo. Y éste, de barba blanca es mi abuelo, el pintor, artista plástico le dicen ahora, se llamaba Jeome, Jerónimo, aquel retrato de la pared es mi papá pintado por mi abuelo». «Y aquél otro es de una modelo napolitana». Y me muestra las distintas pinturas que adornan las paredes, el abuelo tenía talento. En las fotos Mieke muestra a sus padres y hermanos, Mark y Jan, y la hermana, Anneke. «El perro es de mis abuelos y se llamaba Odin, el dios de los vikingos, cómo me acuerdo…» «Nuestra primera radio». Y así, hojeando el álbum va rememorando esos años de infancia…
-Tengo una curiosidad desde hace tiempo, Mieke. ¿Por qué los belgas llegados durante esos años de inmigración eligieron Varela para afincarse?
- Bueno, será por distintas razones. Nosotros porque mi papá ya tendría trabajo en la fábrica de películas fotográficas de la calle Quintana, que se llamaba LASAF. Los dueños eran el señor Oscar y el Señor Van Thilo, estaban trabajando los Setler con ellos, vivían allí, en la gran casona detrás de la fábrica. La casa era o había sido de los Dessy, el Doctor tan reconocido. Y también pasó que unos llamaron a otros y es mejor instalarse en una ciudad con algunos conocidos. Argentina era un país que daba mucha esperanza, es difícil irse al extranjero en un barco lleno de desconocidos. Salimos de Bélgica en un barco francés que provenía de Marsella, después pasaba por algunas islas y la mayor parte de la gente subía en Vigo, España. Mi papá tenía una carta y una oferta de trabajo, éramos cuatro hermanos, yo la mayor. Cumplí diecisiete años en el barco, el dos de diciembre de 1954. Me anotaron en el Colegio de Hermanas para aprender el idioma, además nos daba clases de castellano, Hugo, el hijo de Oscar Vandenbroele. Quise aprender el idioma pronto. Soy una gran lectora y eso me ayudó. Hablábamos francés y flamenco. Me anotaron en el colegio de hermanas pero fui apenas un año, no quise seguir.
-¿Qué leías?
-A las hermanas Brönté, los clásicos y ahora me gustan mucho los policiales, mira (y me muestra un pila de libros en la mesa). Gracias a las lecturas aprendí el idioma.
-Vivieron los años de la Guerra, todos.
-Sí, desde el 39 hasta el 45, en Edegem y sufrimos bombardeos cercanos, por ejemplo, el de Oude God o Mortsel, bombardeado por error por un actor norteamericano. El objetivo era una fábrica de autos y donde se reparaban los aviones pero algunos pilotos se confundieron y bombardearon el pueblo. Murieron muchos cientos de civiles. Triste historia.
-Contaban algunos allegados míos que el actor era Clark Gable, actor de Hollywood. Pero no sabemos si es leyenda o verdad. Y algunos comentaron que después de haber visto la película «Lo que el Viento se llevó», lo perdonaron. ¿Será verdad?
-Puede ser. No sé, la verdad. Los años de la Guerra fueron años de enfrentamientos entre los mismos belgas, unos eran de la resistencia a los nazis y otros eran colaboradores, quedaban las familias y los amigos divididos. Muy triste. Y encima los bombardeos. Y después los años de post guerra. Como también se estaba librando la guerra de Corea (terminó en 1955), mi papá dijo «Basta, ya pasé dos guerras y no quiero una más, nos vamos». Y nos vinimos para la Argentina.
-Llegaron en el año 1955 ¿y cuál fue la casa donde vivieron? ¿Qué recuerdos tenés de aquellos años?
-Vivimos en principio en El Cruce, sobre Av. Yrigoyen. Después nos fuimos mudando, con mis padres y mis hermanos. Lo más triste de esa época fue la muerte de mi hermano cuando salía para el trabajo, cruzaba la calle y vio venir una sola luz y pensó que era una moto. Pero era un colectivo, El Halcón, con una luz rota. Fue atropellado, fue un accidente. Tenía veinte años, allí está su foto (Mieke se conmueve al señalar la imagen de un joven). El tránsito era escaso por aquellos años, recuerdo que había sólo cinco autos en Varela, el de Bengochea, el de Escaray, el de Trebino, el de Belmonte y el quinto no me acuerdo (Ríe); algunos taxis, uno era de Devincenzi. Frente a la estación había una heladería, se llamaba Paelinks, la Pizzería Los Angelitos y una Panadería que tengo muy presente, la del Señor Félix, sobre Avenida Sarmiento y cerca del Vivero La Primavera. Hoy todo está cambiado y todo roto, vivo entre rejas por temor. Varela de antes era menos difícil.
-¿Cómo se conocieron Raymond y vos, Mieke? (ahora sonríe).
-Fue en los grupos de la juventud flamenca. Hacíamos deportes y también almuerzos, distintos padres invitaban. Hacíamos reuniones en Buenos Aires y a veces en Varela donde nos juntábamos en el Club Nago y en algunas casas. El primer domingo del mes se celebraba una misa en Buenos Aires y el tercero, una misa aquí, en el Santuario de Schöensttat. Las Marianas tenían una capillita en la calle Cuba en Capital ¿Te digo los apellidos de los belgas de aquellos años? Algunos están y otros se mudaron a Chascomús, o a otros lados; se quedaron o se volvieron a Bélgica. Los Clays, Van Hoorenbeck, Verbecke, Dupont, Baeck, Friant, Vandenbroele, Van Eschbroeck (esta señora, por ejemplo, vivía extrañando Bélgica y cuando le decían que allá siempre llovía ella respondía que sí pero que «era su lluvia» y finalmente se volvieron a Bélgica a vivir «su lluvia»), los Waeyembergh, Seynaeve y Seynave (producían miel en La Capilla, luego se fueron a Bariloche, ya murieron y no tuvieron hijos), Tock, que era peletero, Vanderbecken, yo trabajaba con Ivonne en la Embajada en Capital y era la madre de Ivete, la profesora, Joop (José, el veterinario) y de Pierrot ; pero es difícil nombrar a todos. Así, en los grupos juveniles neerlandeses nos fuimos conociendo con Raymond. Él trabajaba en la Fábrica Neocalt, en El Cruce, cuando era soltero. Después se desvinculó y armó su propia empresa con un amigo, era Chaltec, calor y tecnología (en francés). Era una fábrica de resistencias termoeléctricas y hornos industriales para hacer termocontraídos. Nos casamos en año 1960, en la Iglesia San Juan Bautista, yo tenía 22 años y él 27. Fuimos muy felices y así llegaron los ocho hijos. Imagina, estuve embarazada durante once años. En 1996 Raymond se enfermó del páncreas y murió. Una gran tristeza para toda la familia. Ya vivíamos en la casa de Quintana y General Paz, nuestra casa durante muchos años.

 

-Una casa quinta muy bonita. Tenía una fuente con un sapo muy grande de cemento.
-Ah, era muy cómoda y grande. Compramos esa casa en el año 1971 a otro belga, Karel Sys, un boxeador, ex campeón europeo y que había boxeado en el Club Varela Junior también, pero antes de 1955. Extraño el jardín pero para mí era muy difícil para mantener. Durante los últimos años vivíamos mi hija que puso un kiosco en la esquina, su marido y mi nieto, todos mis otros hijos ya se habían casado y mudado. El kiosco andaba bien porque había mucha gente viviendo en los monoblocks, eran nuestros clientes. La vendimos en 2011. Mi hija trasladó el kiosco a media cuadra y yo me mudé cerca del Hospital, en Villa Vatteone.
-¿Tomás mate?
-Antes, en el negocio tomaba mucho mate, me gustaba. Ahora perdí la costumbre, tomo más café.
-¿Alguna receta de cocina que quieras compartir?
-Ah, las tartas dulces de frutas. Anotá: 150 gr de harina leudante, 75 de manteca, un huevo y 80 gr de azúcar. Mezclás sin amasar y cocinás cubriendo los bordes de la tartera hasta que veas que está. Y luego le agregás postre de vainilla con rodajas de durazno. Otra puede ser de frutillas, ahora es la época; crema batida sobre la masa cocida, gelatina de frutillas para cubrir las frutillas cortadas y dejar enfriar. Y listo. Son muy ricas, yo hacía siempre.
-¿A qué escuelas fueron tus chicos?
-Fueron al Colegio de Hermanas primaria y Secundaria, dos hicieron Secundaria completa en Santa Lucía, Ivo y Jan. A Gertrudis la saqué a tiempo del «Santa» y la pasé al Colegio de Hermanas porque no estudiaba mucho. (jajaja).
-¿Hay muchos profesionales en la familia?
-Varios. Tengo, como ya te dije, veintiséis nietos. Además de los más chicos, hay ingenieros, una hija médica, una nieta psicóloga, docentes, y todos trabajan, pero lo importante es que son buenas personas y es una familia muy grande.
-¿Aparte de la juventud belga, tenías amigos argentinos?
-Íbamos al Club Varela a hacer deportes y a nadar, ya más grande, en la época en que los chicos iban a la escuela y yo tenía un poco de tiempo. Allí, en el club, nos conocimos con Lilia Goyena, Beatriz Villa Abrille, Evangelina ( con quien ahora somos consuegras, se dice así, ¿no? ) y Patricia Negri, Denis Santoro (belga) y otras personas que ya no me acuerdo. Hasta podía trabajar en el negocio en Sallarés (de Regalos) con Nelly Dal Vecchio. Teníamos una tía que nos ayudó mucho en la crianza de los hijos. Si no, hubiera sido difícil trabajar. Un cierto día, te cuento a vos solamente, tenía muchos deseos de terminar un suéter que estaba tejiendo y los chicos estaban tan inquietos que no podía, entonces subí la silla a la mesa, mi bolsa de tejidos y desde allí los miraba y tejía con gran tranquilidad, bueno, algo de paz necesitaba.
-¿Qué negocios recordás?
-La tienda Las Locuras de Elizabeth y Pucho y la Fábrica de heladeras enfrente, se llamaba FRIO VAL, donde las reparaban también. Estaban en Sallarés cerca del negocio y los de la Estación que ya mencioné…
-¿Volverías a Bélgica?
-De paseo, a vivir ya no. Toda mi familia está aquí. Creo que no me adaptaría.
-¿Estás conforme con tu vida en este país?
-Muy conforme, Pero la Argentina es rara, no sabe lo que tiene. Podría ser un país modelo. Tengo una nieta viajera que se quiere ir a Andorra con el novio. Y no sé qué decirle.
-Que vaya, es joven, que pruebe, que vivan y que viajen todo lo que puedan… Eso les diría yo.
-Bueno. Será.
-Imagináte por un momento que estás frente a Dios, ¿qué le dirías?
-Que quiero vivir tranquila, sin tantas rejas, poder salir sin temor. Y para este país le pediría paz entre los habitantes. Siempre con enojos, con disconformidad, no saben lo que tienen los argentinos… No tuve mucho para contarte espero que te sirva.

-Claro que sí. Siempre me interesó el tema de la inmigración y me aclaraste un montón de dudas acerca de mi parte belga. (risas)

Nos saludamos y le agradezco el haberme recibido con tanta cordialidad en su casa. Los chicos abandonan su refugio en la cocina y vienen a curiosear. Mieke o «Muka» como también la nombran los chicos amigos de sus hijos y nietos, se va con ellos y felices comienzan a dibujar en la mesa que ya está lista para merendar. Se nota que es una abuela entrenada y que disfruta con ello.


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