EDITORIAL

Principios y finales

Editorial » 01/06/2019

«Estos son mis principios, y si no le gusta, tengo otros». La clásica frase de Groucho Marx parece hecha a la medida de Alberto, el nuevo Fernández que Cristina eligió para que la «acompañe» en la fórmula para las Elecciones.
Ex funcionario de Alfonsín, Menem, Duhalde y Kirchner, el ahora candidato a presidente que hace algunos años también fue legislador de la ciudad de Buenos Aires integrando una lista de Cavallo, y más tarde militó para Massa y para Randazzo, era, hasta hace sólo un par de meses, uno de los mayores enemigos del kirchnerismo. Así nos lo hicieron saber reiteradamente y a través de todos sus medios los integrantes de esa fracción política, que desde 6,7,8, C5N, Víctor Hugo, Página 12 y sus voceros de siempre acusaron al hombre -hoy bendecido por la arquitecta egipcia- de todos los males posibles. Y así lo remarcó también el propio Alberto, que no se privó de nada, declarando o tuiteando algunas cosas como: «yo fui perseguido ocho años por Cristina», «en época de Cristina se estigmatizó a todo el que pensaba diferente», «¿Autocrítica de Cristina? ¿Habló de la pobreza ocultada, la inflación silenciada, Boudou y Milani? ¿Habló del pacto con Irán?», y «¡Qué penoso es a lo que Cristina somete a las instituciones democráticas».
Pero en una maniobra nunca vista en la historia, como es que una candidata a vice elija al número uno de la fórmula, la ex mandataria borró todo lo dicho y escrito y dio la orden a sus seguidores de votar a Alberto para liderar –al menos en lo formal- su intento de vuelta al poder. Esos seguidores de los que, Alberto –y no la «derecha» o «la Corpo»-, dijo, sin eufemismos, que eran «militontos de Cristina, que se creen revolucionarios y sólo son tristes repetidores de mentiras».
Mientras tanto, y ya abortada por sana reacción popular la insólita intentona de la Corte de postergar la hora de la Justicia, Cristina enfrenta, sentada lo más lejos posible de sus antes laderos Julio De Vido y Lázaro Báez, el primero de los doce procesos judiciales a los que está sometida, y que, de no ser por sus fueros, ya la tendría, como ellos, detrás de las rejas.
Pero la abogada exitosa, que se quedó hasta con una carta de San Martín, sabe que si su última jugada le sale bien, todos esos juicios pueden evaporarse, como la memoria de los que la siguen incondicionalmente. Ya lo dijo Alberto: «vamos a tener que revisar muchas sentencias que se dictaron en los últimos años». La frase no es ingenua y estuvo acompañada por declaraciones de otros referentes de ese espacio que dijeron que hay que «terminar con el poder judicial» o directamente, «tener jueces militantes». La ambición de manejar a la Justicia siempre estuvo en el espíritu del kirchnerismo. Y las cárceles pueden llegar a abrirse para todos: desde los corruptos hasta los violadores, si vuelve el «efecto Cámpora» y la «Doctrina Zaffaroni».
Ya conocemos los principios de Alberto. Y los de Cristina. Habrá que ver ahora cuál será el final para ambos.


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