EDITORIAL

CONADEP del periodismo

Editorial » 01/07/2019

Que un actor mediocre como Dady Brieva diga que «hay que crear una CONADEP del periodismo» no pasa de ser una expresión desafortunada, vertida por un fanático que por ahora no posee facultades legislativas ni ejecutivas como para llevar su delirio a cabo. Y decimos «por ahora» porque en un país en el que su compañero Miguel Del Sel, tan deplorable actor como él, casi se transforma en gobernador, aunque por otro signo político, todo puede ser posible.
Pero que un reconocido intelectual y escritor como Mempo Giardinelli, también simpatizante K, adhiera a esa idea, es preocupante.
Los ataques a los periodistas no alineados al relato kirchnerista perpetrados durante el gobierno de Cristina no deben ser olvidados. Los «escraches» durante las cadenas nacionales hechos por la misma presidenta, la incentivación a niños para que escupieran imágenes de hombres y mujeres de prensa en la Plaza de Mayo, la difamación constante a través de los programas de la TV Pública, la presión a empresas para que retiren su publicidad de los diarios «no militantes», la persecución con la AFIP a los «díscolos», la falsa acusación a la dueña de Clarín sobre la apropiación de hijos de desaparecidos, el manejo discrecional de la pauta oficial, el apartamiento de los colegas de medios públicos que se atrevían a cuestionar alguna acción de gobierno y la creación de multimedios partidarios -que terminaron desinflándose y dejando tendales de despedidos-, fueron algunas de las prácticas habituales de aquellos tiempos no tan lejanos, por las que nadie pidió disculpas.
Intentar callar, cooptar o alinear a la prensa fue el sueño de muchos gobiernos. Y también, fue el germen de todos los autoritarismos.
La banalización del rol de la CONADEP, la comisión nacional creada por Raúl Alfonsín para investigar las acciones de terrorismo de Estado durante la Dictadura, demuestra el auténtico valor que el kirchnerismo le otorga a la causa de los Derechos Humanos: el de una bandera subida tardíamente –en la época del Proceso Militar, los Kirchner no eran luchadores sociales sino usureros- con el único objetivo de reinventarse como «progresistas».
Amenazar a jueces y periodistas que investigan la corrupción parece estar en el ADN de muchos de los que integran el Frente que quiere volver al poder en la Argentina. El propio candidato del sector, Alberto Fernández, dio claros ejemplos de ello en las últimas semanas. Y también cuando le tocó ser funcionario, e intervino en los despidos de Pepe Eliaschev de Radio Nacional y del luego converso –y por entonces férreo opositor- Víctor Hugo Morales de la TV Pública.
Querer monopolizar la opinión pública es propio del fascismo. Y controlar al periodismo, un signo inequívoco de totalitarismo.
Si permitimos que el Estado avance sobre la libertad de expresión, inevitablemente lo hará sobre cada una de nuestras libertades y la democracia pasaría a ser un enunciado vacío, como ocurre en la Venezuela de Maduro.
Creer que por imperio del destino algo así sería imposible en nuestro país, es lo que llevó a la sociedad alemana primero, y al mundo entero, poco tiempo después, a asistir con espanto al nacimiento del nazismo.


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