Los 15 años del club “Villa Susana”



Historias de Mi Ciudad » 30/09/2020

Por Ramón César Suárez (*)

 

Estábamos en pleno verano, pero no obstante ello el sol no hacía sentir los efectos que se suponía en aquella estación debía descargar. En la entonces pista del Club Villa Susana en su ubicación de siempre, aunque con instalaciones muy reducidas respecto a las que muestra en la actualidad y que se limitaban a un salón-buffet, los obligados sanitarios y un ambiente pequeño para uso de la Secretaría, se había convocado a autoridades, dirigentes locales y de instituciones amigas y asociados a compartir un Lunch. Ahí estaba, como siempre, su Presidente, Don Ernesto Q. Bargas, tan sencillo y honesto como solidario, y quien no obstante ser miembro de una de las Fuerzas de Seguridad, ya que era Oficial de la Gendarmería, nunca se vió dominado por el síndrome de superioridad que a muchos argentinos provoca el hecho de utilizar gorra con visera, sea ésta de militar o de un simple cuidador de coches, “en alguna diagonal” como reza un popular tango.
Aquel mediodía, ese gran promotor del fútbol sin preferencias locales de casacas pero si por el juego limpio, Don Luis Viegas, estuvo a cargo de dar a los presentes las usuales expresiones de bienvenida, protocolo tradicional y tal vez innecesario en entidades como la que los albergaba, siempre acogedora, de puertas abiertas...
Ocupaban la cabecera junto a Bargas, el Intendente Municipal Don Luis Calegari, el Comisario de Policía, Don Eduardo Rodolfo Goyena, el Presidente del Club de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Sr. Roberto Razetto (promisorio joven de grandes condiciones que perdió la vida tiempo después, en un accidente aéreo), el Presidente del Club Varela Junior y ex Intendente Municipal, Don Félix Evaristo Rodríguez, el Director de Mi Ciudad, –quien esto escribe- y también, con carácter especial, el Fundador de esa entidad, Don Manuel Romera, que junto a los directivos Don Manuel Rosendo Dobal y Félix Sánchez, recibieron plaquetas en reconocimiento a su protagonismo positivo en el quehacer de la misma.
Hubo varios discursos, todos producto de la improvisación, pero altamente elocuentes, en lo que hace a la franqueza de sus sentimientos y más de una emotiva recordación, principalmente por parte del Sr. Romera. El Club Villa Susana, cumplía 15 años de existencia y desde siempre hasta la hora actual, en que si bien su fisonomía edilicia creció, mantiene esa característica familiar que lo distinguiera, sin menoscabo alguno del clima de camaradería imperante en otras instituciones locales.
Ahí se realizaban con gran repercusión los partidos de bochas, ya sean por el vermouth o por los torneos interclubes, amistosos o de los distintos Campeonatos de la Federación de Bochas de Almirante Brown, a los que ese club como otros locales estaban afiliados y que actuaba bajo la presidencia vitalicia del superactivo vecino de Burzaco, Don Jorge A. Bruch.
La cancha de bochas de Villa Susana, fue una de las “tantas manos” que le dió el Sr. Comatto, al margen de ser un cultor de ese deporte, que compartiera con Fevola, “Poldo” Ghio, Rufino Barragán, Antonio Barbalán y tantos otros, quienes arrimaban al bochín con gran calidad, las esferas rayadas o lisas, que lanzaban de sus manos, tras la infaltable caricia o descargaban el impactante y seguro bochazo, que despertaba los aplausos de los presentes.
Todo ello y mucho más formaban parte de los pasajes de ese ayer que tuvimos la suerte de compartir bajo la “Presidencia Barguista”, la del gran entrerriano que adoptó Florencio Varela, gestor de increíbles asados a cuya mesa todos los que “caían”, eran invitados de honor y atendidos en persona por dicho tantas veces reelegido Presidente.
Ni que decir de los encuentros de truco y mus que tenían lugar en el club y que sólo hallaban su fin cuando el estómago, reemplazando las señales del reloj, marcaba la hora de ir a casa para degustar las infaltables ravioladas o tallarines domingueros…
Tampoco podemos omitir las jornadas bailables de los sábados en el reducido embaldosado de la entidad de Juan Brown y Santa Fe, donde parejas de todas las edades, danzaban al compás de las grabaciones del momento, imperando un espíritu de amistad insuperable.
Tierra de los Dobal, esos mismos que hacían “manteca” los hierros más duros en su torturado yunque, para darle forma de herradura, en su histórico taller; allí donde también como en tantos lados, el “Vasco” Fariña, “Siempre listo para lo que guste mandar”, demostraba una y cientos de veces, su capacidad laboral, cualquiera fuera su característica y que se le confiaría con la garantía que ostentaba su eficiencia y honestidad. Completa la fotografía que incluye esta nota, el joven Ben, que surge tímido, “robando cámara”, al asomar su rostro, tras quienes ocupaban la cabecera descripta, en la imagen que captara Don Aldo Scarone y que reproducimos en nuestra edición Nº 34 del sábado 8 de enero de 1955; barrio de los Franchiotti, Devincenzi, Lorenzo (sí, Máximo, el mismo que boxeara con suerte adversa en el Luna Park con el “Mono” Gatica), que poblaran de hijos y nietos las Familias Dobal, Bargas, y tantas otras, que si bien se borran de mi memoria están vigentes, aunque haya algunas irremplazables y sean notorias sus ausencias físicas.

 

(*) Fundador de Mi Ciudad, fallecido el 29 de marzo de 2004.


TAMBIÉN PUEDE INTERESARTE