Por Alejandro César Suárez | @alecesarsuarez
«Perón ama a los niños». «Perón y Evita nos aman». «Mamá me mima, Evita me ama». Son algunas de las frases que podían encontrarse en los libros de lectura...
«Perón ama a los niños». «Perón y Evita nos aman». «Mamá me mima, Evita me ama». Son algunas de las frases que podían encontrarse en los libros de lectura con los cuales los alumnos de primaria aprendían a leer en la Década del 50. Más de setenta años después, algunas cosas parecen no haber cambiado mucho.
Hace años que facultades, escuelas secundarias y hasta primarias son repetido escenario de un adoctrinamiento explícito acerca de los años de la Dictadura. Una bajada de línea que sólo habla de las atrocidades de los militares y no menciona los crímenes de los guerrilleros. Una forma de contar la historia escondiendo gran parte de ella, desconociendo los asesinatos y desapariciones anteriores al golpe militar, pergeñados por la Triple A, nacida desde el mismo riñón del gobierno peronista que después dio la clara orden de «aniquilar a la subversión». Ocultando los sangrientos enfrentamientos entre la Izquierda y la Derecha del Peronismo, que pusieron al país en un estado de inseguridad y terror permanente. Y hasta romantizando como «jóvenes idealistas» a los integrantes del ERP y Montoneros, que comenzaron a secuestrar, torturar y matar gente durante el gobierno de Isabel Perón –no durante la Dictadura- y no querían una Argentina democrática, sino una «Patria Socialista» como la Cuba de Fidel Castro. No fueron héroes, fueron asesinos.
Y el peronismo siempre reincide. Lo hizo el intendente Ferraresi, de Avellaneda, haciéndole leer a escolares su juramento «por Perón, Evita, Néstor y Cristina». O, más cerca en el tiempo, el eterno Gildo Insfrán, en Formosa, exponiendo en un acto a niños de Primaria que le agradecían con un texto que leían dificultosamente frente a él «haberles dado todo. Edificios, útiles escolares, guardapolvos y zapatillas».
Pero siempre se puede esperar algo peor. Y pasó en Florencio Varela, durante el acto oficial recordando el 24 de marzo, fecha del último golpe de Estado.
Allí, el Presidente del Concejo Deliberante, Gustavo Rearte, ante la presencia de los concejales peronistas y el intendente Watson, hizo hablar sobre la fecha a los chiquitos de un jardín de infantes local. Además, Rearte no tuvo vergüenza en decir: «Hace un rato estuve hablando con estos niños que hoy nos acompañan. Me acerqué, les pregunté, los invité a que dijeran lo que sabían, lo que sentían. Y lo que escuché me dejó sin palabras. Por eso quiero decirles algo: cuando veo llegar a estos niños, y después de escucharlos, ahí entendí que no van a poder con nosotros. Que no pudieron ni van a poder».
Utilizar a los chicos para hacer política es una de las cosas más bajas y repudiables que puede hacer un dirigente o un funcionario. Meterlos en medio de una supuesta «lucha» con un concepto binario de «militares malos- guerrilleros buenos» es una limitación intelectual que expone la pobreza de quienes nos gobiernan. Pretender que un niño de esa edad pueda discernir lo que pasaba en la Argentina de los 70 es poco menos que una salvajada. Pero cuando el poder se mezcla con la ignorancia, y cuando ésta se mezcla con la soberbia, los incapaces y los inmorales quedan irremediablemente expuestos ante la sociedad.
Perón decía que los niños eran «los únicos privilegiados». En Varela no son privilegiados, pero sí adoctrinados.