Son lo mismo



Editorial » 01/09/2026 01/09/2026

El descubrimiento en Pilar por parte de un inquieto influencer de un gigantesco ex vacunatorio abandonado lleno de insumos médicos, residuos patológicos, documentación privada y hasta licencias de conducir, y con evidentes signos de objetos sustraídos, es otra muestra de cómo gestionó el kirchnerismo la pandemia...

El descubrimiento en Pilar por parte de un inquieto influencer de un gigantesco ex vacunatorio abandonado lleno de insumos médicos, residuos patológicos, documentación privada y hasta licencias de conducir, y con evidentes signos de objetos sustraídos, es otra muestra de cómo gestionó el kirchnerismo la pandemia y de qué valor le da el gobernador Kicillof a los bienes públicos. La «explicación oficial» dice que un fallo judicial obligó a abandonar intempestivamente el lugar. ¿De verdad pretenden que creamos que no tuvieron tiempo de llevar todos esos materiales a un sitio seguro? ¿Cuántos años pasaron desde la cuarentena que nos encerró mientras algunos disfrutaban de sus festicholas en Olivos? ¿El Estado no estuvo «presente» esta vez?
Pero no es ese el máximo problema del primer mandatario bonaerense. Por lo menos, no parece ser algo que le inquiete demasiado. Su provincia, y dentro de ella, el Conurbano, se transformó desde hace años en un imperio de la inseguridad, con piedra libre a la delincuencia y una creciente influencia del narcotráfico.
Sobre este último punto, es imposible no mencionar la serie de violentísimos hechos que se han ido produciendo en los últimos tiempos en Florencio Varela, un distrito gobernado por el peronismo desde hace más de medio siglo. La total anomia que rige en esta ciudad al respecto es la lógica consecuencia de un poder político que por lo menos, y siendo benévolos, toleró que la delincuencia fuera ganando terreno hasta apropiarse de lo más valioso que puede tener una comunidad: su tranquilidad. Caminar de noche –y hasta de día- por algunos sectores de Varela puede ser muchas veces una misión temeraria.
Y uno de los grandes responsables de la degradación varelense es Julio Pereyra, el creador de «La Voz del Campo», esa cruel maquinaria de esclavitud que arruinó la vida de 200 trabajadores, tan opuesta a la doctrina que dicen defender. El mismo que estuvo al mando de la intendencia por casi tres décadas (desde 1991 hasta 2017) siendo después diputado provincial, diputado nacional y desde enero de este año, Director, con un sueldo escandaloso, del Banco de la Provincia. Es decir, toda una vida viviendo del Estado. Y viviendo con lujos que no pueden explicarse, aunque algún juez complaciente -o cómplice- prefiera cajonear las denuncias sobre su sospechoso patrimonio y el de su entorno.
Pero para Kicillof, y el peronismo, esa elástica fuerza capaz de ser de extrema derecha o extrema izquierda según caliente el sol, Pereyra es un hombre tan valioso que, no sólo le inventó un puesto ampliando el directorio del banco provincial, sino que le encomendó la tarea de organizar su espacio político, Derecho al Futuro, con el que aspira a llegar a la Presidencia de la Nación.
Y ahí está empoderado, el viejo caudillo, dando cátedra por las provincias y en los seminarios de su partido, como si fuera el oráculo de la moralidad.
Una vez más, todo cierra. Hablábamos al comienzo de la desidia de las autoridades ante un vacunatorio abandonado, y no podemos olvidar que en la época del COVID, Pereyra también fue uno de los «vacunados VIP», que se saltearon la fila para recibir la dosis con el inmoral e irregular plus de figurar como «personal sanitario» en la lista de privilegiados.
En conclusión, se puede querer o no querer a Kicillof y a Pereyra. Pero si hay algo que no puede dudarse, es que son lo mismo.


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