Por Alejandro César Suárez | @alecesarsuarez
Finalmente, Adorni se fue del Gobierno. Después de más de tres meses de escándalos, el otrora verborrágico funcionario salió de escena y deberá explicar en la Justicia cómo pasó de ser alguien a quien le regalaban medias porque no podía comprarlas a multimillonario en un par de años.
Finalmente, Adorni se fue del Gobierno. Después de más de tres meses de escándalos, el otrora verborrágico funcionario salió de escena y deberá explicar en la Justicia cómo pasó de ser alguien a quien le regalaban medias porque no podía comprarlas a multimillonario en un par de años. Nada nuevo para un país en el que una larga lista de kirchneristas, ahora tan devenidos en honestos republicanos, incrementaron sus patrimonios de una manera que envidiaría el Mago Copperfield. Una lista encabezada por la múltiple condenada Cristina Kirchner y que también integra el ex intendente y actual funcionario de Kicillof, nuestro conocido Julio Pereyra, que pasó de una casa torcida y sin inodoro a una lujosa mansión con piscina climatizada, aunque conseguirlo le llevó un tiempo bastante más largo –hay que reconocerlo- que a Adorni.
La insistencia de Milei por mantener a su ex jefe de gabinete y vocero –que entre otras barbaridades, dijo encontrarse un pendrive con 500.000 dólares en criptomonedas- en el cargo resultaba inexplicable desde todo punto de vista. Por la supuesta «supremacía ética» de un partido que venía a «terminar con la casta» y hasta por la más elemental señal de conveniencia política. El desgaste podía y debía haberse evitado, separándolo inmediatamente hasta que su situación se aclarara. Algo que seguramente esperaban quienes votaron a este gobierno para cortar con la continuidad de una banda de rufianes.
Pero en tiempos de Mundial, los gobiernos siempre apuestan a que la pasión por la pelota tape la realidad política. Y tal vez Milei creyó que los goles de Messi, -ese al que el kirchnerismo y el seudo progresismo nacional ven como una especie de traidor a la Patria por no adherir a su doctrina y sólo dedicarse a jugar al fútbol- iban a disimular los gastos de su ex Jefe de Gabinete.
Y como según el decir popular «si hay foto, hay video», aparecieron también las imágenes en las que Jesica Cirio mostraba sin pudor los millones de dólares que el ex diputado y ex funcionario bonaerense Martín Insaurralde –otro ejemplo viviente de la honestidad peronista, estrella invitada de los programas de Tinelli y goloso timonel del yate «Bandido»- acumulaba en su residencia, para hacernos recordar que, mucho antes que el caso Adorni, existe una causa contra él, por enriquecimiento ilícito, que el Juez Armella tiene durmiendo en su despacho desde hace tres años. Y por si la memoria selectiva tampoco lo registró, en estos días también irá a juicio oral Carolina Pochetti, viuda del fallecido secretario de los Kirchner, Daniel Muñoz, por lavar al menos 70 millones de dólares.
Qué mala costumbre, la de esta gente. Cuando no revolean bolsos con millones de dólares en un convento, los esconden en un vestidor o los lavan comprando propiedades en Miami. Pero sin embargo, se las arreglan para autoerigirse en los campeones morales de la República cuando los que gobiernan son los otros.
Ya sin el lastre de Adorni, Milei aspira a terminar de encaminar el rumbo económico de un país que en todas sus cifras macro luce una innegable mejora, pero que en la micro, en el «día a día» necesita una reactivación urgente del consumo. Que lo logre o no podría significar alcanzar o no su reelección. Enfrente, tiene lo mismo de siempre: una bolsa de gatos que pelea por sus espacios de poder hasta que llega el momento de armar su lista y todos vuelven a ser «compañeros». Una bolsa que nos dejó como legado dos décadas de atraso, corrupción y descontrol económico al que sería demencial retornar, máxime después del enorme sacrificio que gran parte de la sociedad hizo en estos últimos años.
Si Adorni tiene que ir preso, que vaya. Y que no tarden más de 15 años en condenarlo, como a Cristina.
Pero que el pendrive no nos tape el bosque.